viernes, 21 de junio de 2013


La constancia en el deporte

Cuantas veces nos hemos propuesto hacer deporte con regularidad, 
sobre todo a partir de ciertas fechas: primeros de año, Semana Santa, 
verano, a la vuelta de las vacaciones... Incluso nos hemos llegado 
a apuntar en un gimnasio para conseguir nuestro propósito con un 
resultado desalentador.
Se empieza con mucha ilusión y ganas, pero esta fuerza inicial se
desvanece en uno o dos meses. Al cabo de cierto tiempo terminamos 
abandonando casi por completo la actividad física. Un día no vamos 
porque nos surge algún imprevisto, pero a las pocas semanas cualquier 
excusa nos tumba en el sofá. ¿Por qué no somos constantes haciendo 
ejercicio físico?
Hay diversos motivos, pero el principal es el no haber hecho deporte 
con asiduidad desde niños, algo importantísimo a la hora de hacer 
ejercicio en la edad adulta. Si uno está acostumbrado a una
rutina de entrenamientos semanales, es más fácil y natural salir a 
correr, montar en bici, nadar, o ir al gimnasio.
Será una actividad más que estará incorporada en nuestra secuencia 
de acciones diarias, como el comer o levantarse y por lo tanto no 
requerirá un esfuerzo mental extraordinario. Pero, si por el 
contrario, no estamos acostumbrados a esta situación, porque no la 
reconocemos en nuestro patrón de conductas, el resultado será 
que para hacer deporte tendremos que desplegar una voluntad de hierro.

¿Qué deporte practicar?

Lo primero que hay que decir es que no debemos cerrarnos a ninguno y 
habrá que desprenderse de las ideas preconcebidas: como por ejemplo 
que correr, andar en bici, nadar, ir al gimnasio es un aburrimiento. 
Conozco gente que empezó a correr sin gustarle para nada, y terminó 
corriendo maratones. Otro aspecto fundamental es no saltarse ninguno
de los principios del entrenamiento, como la progresión. Cuanta gente
decide salir a correr, coger la bicicleta o volver al gimnasio, después 
de meses o incluso años sin moverse y entrena al 80% de su capacidad
con un resultado de agujetas descomunales y por tanto inmovilidad 
funcional para la vida ordinaria durante cuatro o cinco días. Lo lógico es 
que se empiece a un nivel suave, aumentando cada semana el tiempo y
la intensidad, con tres sesiones semanales, para luego pasar a cuatro
y después a cinco o incluso seis. Otro aspecto a tener en cuenta es el
material. Si no es el adecuado puede echar por tierra un buen comienzo.
Si voy a correr usaré unas zapatillas específicas y no unas para jugar al
tenis.
Con estas pautas, podremos comprobar por nosotros mismos, que 
después de unos meses practicando con asiduidad ejercicio físico, 
notaremos incluso que nos encontramos mal si faltamos a nuestra cita. 
Debemos sustituir la palabra "tener" por "necesitar", es decir, no "tengo" 
que hacer deporte, sino "necesito" hacer deporte. Tampoco hay que 
desanimarse si algún día puntual no somos capaces de realizar nuestra 
dosis de ejercicio, ya sea por acumulación de trabajo o simplemente 
por cansancio mental. Seremos contantes en nuestro momento de 
ocio deportivo incluso si fallamos alguna vez al mes. Recuerda siempre 
esta celebra frase de Albert Einstein: "Hay una fuerza motriz más 
poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad".

¿Cómo se inicia un niño en el ejercicio físico?

El papel de los padres es fundamental, ya que deben ser ellos los que 
fomenten que su hijo practique el deporte que en principio el niño quiera 
desde muy temprana edad. Por supuesto que para que un niño disfrute de 
la actividad deportiva debe de dar con buenos profesionales: una mala 
experiencia puede tumbar una ilusión. Para un niño que se inicia en un 
deporte, lo ideal es que empiece en una liga suave (si practica un deporte 
de equipo), donde el nivel sea el adecuado al suyo, para que pueda cosechar 
experiencias de éxito, fundamental para la continuidad, motivación, autoestima
y su desarrollo como individuo.

FUENTE: www.eldia.es

domingo, 9 de junio de 2013

Las consecuencias de dejar de hacer ejercicio pueden ser peores de lo que se creía




El estudio, conducido por Paul Williams, revela que la clave para estar en forma es permanecer activo durante todo el año, año tras año, evitando los cambios estacionales de hábitos o las pautas muy irregulares en los ejercicios.


El precio a pagar por dejar el ejercicio es mayor de lo esperado, y puede ser un factor importante en la epidemia de obesidad que afecta a muchas personas en las naciones industrializadas.

Este estudio debería impulsar a las personas a pensárselo dos veces antes de tomarse unas vacaciones en su régimen de actividad física, a pesar de presiones familiares y obligaciones laborales, o de una disminución en su motivación personal.

Utilizando datos obtenidos de un estudio nacional sobre la salud de personas que hacían footing, Williams encontró que los impactos del aumento o la disminución de ejercicios vigorosos, no son los mismos entre todos los corredores. En distancias mayores a unos 30 kilómetros por semana en los hombres y a unos 15 kilómetros por semana en la mujer, el peso adquirido al correr menos, fue aproximadamente el mismo que el peso perdido al correr más. Con este nivel de ejercicio, los efectos del entrenamiento o los de la falta del mismo son comparables, y los aumentos o las disminuciones de peso asociados con los cambios en el nivel de ejercitación son probablemente reversibles.Sin embargo, Williams encontró que las personas que no corren muchos kilómetros por semana se enfrentan a un problema si quieren perder el peso acumulado durante una temporada de pausa en su actividad física. En estos niveles menos intensos, una interrupción en el ejercicio produce un aumento de peso que no se pierde simplemente por la reanudación del mismo régimen que se efectuaba con anterioridad.

En concreto, Williams comparó 17.280 hombres y 5.970 mujeres que disminuyeron la distancia corrida, con 4.632 hombres y 1.953 mujeres que aumentaron esa distancia, durante un período de 7,7 años. Descubrió que los corredores que redujeron su distancia de 8 a 0 kilómetros por semana ganaron cuatro veces más peso que los que disminuyeron su distancia de 40 a 32 kilómetros por semana. También encontró que las personas que comenzaron a correr después de una temporada de descanso no perdieron peso hasta que su kilometraje excedió unos 30 kilómetros por semana en los hombres, y unos 15 por semana en las mujeres.

Los resultados del estudio ponen de relieve la importancia de evitar los patrones irregulares de ejercicio, con temporadas de actividad y otras sin ella. El ejercicio diseñado para prevenir la obesidad tal vez no brinde sus beneficios si es irregular, de temporada, o con frecuentes interrupciones.



FUENTE. www.solociencia.com

viernes, 17 de mayo de 2013


Gimnasia a partir de los 60 años

Una vejez activa combate enfermedades como la osteoporosis y reduce el nivel de dependencia de los mayores




La madurez es tan buen momento para cuidar la forma física, como cualquier otro y tal vez mejor. Así lo aseguran los especialistas en medicina deportiva, quienes explican que un envejecimiento activo ayuda a mejorar el tono muscular y enfermedades como la osteoporosis o la insuficiencia cardiaca. No es necesario 'dejarse la piel' cada día en un gimnasio, sino que basta con pasear durante 30 minutos, subir y bajar las escaleras de casa o evitar tomar el autobús siempre que se pueda llegar caminando. Precisamente con el deseo de concienciar a los mayores de la importancia de hacer ejercicio, han comenzado a proliferar en los últimos meses los denominados 'parques geriátricos', espacios verdes ubicados en las ciudades y compuestos por columpios que ayudan a las personas mayores a mejorar la movilidad, aumentar la flexibilidad y tonificar la musculación. El objetivo es poner la práctica deportiva al alcance de todos, siempre y cuando se acuda antes al médico para que prescriba el tipo, la frecuencia y la intensidad adecuada del ejercicio.

Ventajas

El ejercicio regular es bueno para cualquier persona. Sus beneficios sobre la salud son patentes y, en el caso de los mayores, adquiere una importancia especial porque ayuda a mejorar el funcionamiento de prácticamente todos los sistemas y aparatos orgánicos. Además, reduce los niveles de colesterol, controla el peso corporal y ejerce un efecto positivo sobre el aparato cardiovascular.
Reduce los niveles de colesterol, controla el peso corporal y ejerce un efecto positivo sobre el aparato cardiovascular
El deporte es, en definitiva, una manera efectiva de envejecer con calidad de vida.
Para el secretario de la Federación Española de Medicina del Deporte, Pedro Manonelles, además de los beneficios mencionados, "la actividad física puede reducir la tensión arterial, permite a las personas hacer actividades de mayor duración sin presentar fatiga y, a nivel respiratorio, mejora el funcionamiento de los pulmones". Pero los beneficios continúan: "aumenta la función muscular, previene algunos problemas como caídas, inestabilidad o situaciones de falta de autonomía, mejora determinados tumores, como el cáncer de colon, y se ha demostrado que la actividad regular es capaz de ayudar a los tratamientos de fijación de calcio en los huesos de una forma muy notable".
"Es muy sencillo, si un coche no se mueve, acaba estropeándose y si un cuerpo no se mueve, acaba muriéndose", explica el secretario general de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), Javier Gómez Pavón. 
A su juicio, el deporte es necesario no sólo para mantener un buen estado de salud, sino que ayuda también a disociar los términos envejecimiento y dependencia porque la persona que practica deporte se siente más activa y "es capaz de vivir libre de dependencia hasta casi el final de su vida".
Por su parte, Antonio Martínez, licenciado en ciencias de la actividad física y el deporte de la Escuela de Formación Apta Vital Sport, corrobora la necesidad de practicar ejercicio y constata que "últimamente el volumen de personas entre 65 y 85 años en centros deportivos está aumentando considerablemente porque en las consultas se empieza a recomendar acudir a estos centros". Además, apunta que la actividad física es también un buen fármaco contra los problemas psicológicos, puesto que mejora la autoestima y disminuye la tendencia a la ansiedad. "A veces es más importante que el monitor hable y muestre su cariño a las personas mayores, que enseñar a realizar un simple ejercicio", advierte.

FUENTE: www.consumer.es

miércoles, 17 de abril de 2013


Pilates y salud

El método Pilates es un entrenamiento que combina fuerza, resistencia, flexibilidad y control mental
  • Por MONTSE ARBOIX

Cada vez hay más adeptos al método Pilates. Y no solo bailarines y deportistas se benefician de esta práctica. Sus defensores pregonan que es un entrenamiento integral de cuerpo y mente que pueden desarrollar personas de todas las edades. Hasta crece el número de especialistas de distintos ámbitos de la salud que lo recomiendan para enfermedades tan distintas como asmainsuficiencia cardiaca e, incluso, para pacientes oncológicos. Se ha demostrado que tiene beneficios neurológicos, ginecológicos, en el aparato locomotor y en la rehabilitación posquirúrgica de lesiones. Pero como todo ejercicio deportivo, tiene sus contraindicaciones. En este artículo se describe qué aporta la práctica del método Pilates y las distintas investigaciones que llevan a cabo profesionales de diferentes ámbitos de la salud.
"En 10 sesiones sentirás la diferencia, en 20 verás la diferencia y en 30, te habrá cambiado el cuerpo". Estas son palabras de Joseph Humbertus Pilates, el creador del método Pilates. Pero, ¿en qué consiste? Se basa en 300 ejercicios básicos -derivados de la gimnasia correctora y de otras modalidades deportivas- y sus variables, que tienen un objetivo principal: fortalecer el centro de gravedad, localizado entre la zona abdominal y lumbar, denominada "powerhouse". Estas actividades se pueden practicar en el suelo o encima de superficies adaptadas que llevan incorporados distintos raíles, estructuras o poleas.
A partir de ahí se trabaja la musculatura abdominal, incluso la de capas más profundas, fortalece el suelo pélvico, corrige la postura corporal, robustece la musculatura de la espalda y mejora su alineación, aumenta la flexibilidad, el equilibrio, la coordinación y la capacidad pulmonar y reduce el estrés. Además, cultiva el alargamiento vertebral y ayuda a que los discos intervertebrales dejen de estar colapsados.
Para conseguir estos beneficios, J. H. Pilates estableció seis principios básicos:
  1. Concentración: hay que poner atención en los movimientos que se realizan.
  2. Control de todas las acciones.
  3. Fuerza central: atiende al reforzamiento del centro de gravedad (músculos abdominales, perineales, glúteos y lumbares).
  4. Movimiento fluido: los ejercicios hay que haerlos de manera suave y fluida, sin prisas ni rigidez.
  5. Precisión al hacer los movimientos.
  6. Respiración: mediante una inhalación profunda con una exhalación plena forzada, coordinada con los movimientos. Por norma general, se inhala al prepararse para un movimiento y se exhala durante la ejecución.

Pilates: la opinión de los especialistas

Una mala práctica de Pilates puede provocar sobrecargas y lesiones músculo-ligamentosas
¿Cuál es el principal beneficio que aporta el método Pilates?Para Juan Bosch, médico especialista en Medicina del Deporte del Hospital Sant Rafael de Hermanas Hospitalarias, en Barcelona, "el trabajo de control, tanto de la posición del cuerpo como de la respiración, es muy importante y ello posibilita una mejora postural y de la respiración. También se tonifican y flexibilizan los músculos y, en consecuencia, mejora el equilibrio entre los diferentes grupos musculares". Este especialista recomienda su práctica a quienes quieran realizar un ejercicio de mantenimiento o de corrección postural, sean deportistas o no. "La versatilidad, tanto de los distintos ejercicios como del uso de diferente utillaje, permite practicarlo a un amplio rango de población, solo con adaptarlo a las diferentes necesidades y objetivos de cada uno", afirma.
Para Juan Bosco Calvo, médico del deporte, profesor de la Universidad de Alcalá de Henares e introductor del método en España, en unas declaraciones a 'Diario Médico', asegura que "para la columna, desde cervicales hasta lumbares, cadera, rodilla y hombro, no hay una cinesiterapia más avanzada". Y es que este experto, que ha realizado más de 300 talleres a profesionales del ámbito de la atención primaria del Sistema Nacional de Salud, no se cansa de proclamar sus beneficios en el ámbito de la rehabilitacióndel aparato locomotor.
El pilates terapéutico se basa en el movimiento fluido y controlado, adaptado a la vida doméstica, al deporte o a la rehabilitación. Bosco insiste en que el objetivo es prevenir que la lesión se repita y mejorar el estado psicofísico. En rehabilitación utiliza unas estructuras similares a una cama. De hecho, en EE.UU. y Reino Unido forma parte de las terapias de rehabilitación.

Pilates: cuidado con las contraindicaciones

¿Qué puede provocar una mala práctica? Bosch explica que "la complejidad, la exigencia de una correcta ejecución, el trabajo de percepción del propio cuerpo y el control de la respiración determinan que, para una actividad segura, sea esencial la profesionalidad y buen hacer del monitor. Una mala práctica del método Pilates, con un inadecuado control o progresión, puede representar un riesgo de sufrir sobrecargas y lesiones músculo-ligamentosas".
De hecho, los especialistas tampoco recomiendan su práctica ante estados de inflamación aguda. También ponen el énfasis en que, aprovechando su auge, se ha generalizado en muchos centros deportivos y, a veces, no se realiza de la manera más adecuada.

Evidencia científica del método Pilates

Son muchas las sociedades científicas que aconsejan el método Pilates. La misma Fundación del Corazón lo hace para fomentar la actividad física entre los pacientes enfermedades cardiovasculares.
También el Grupo Español de Investigación en Cáncer de Mama, GEICAM, en su empeño de incluir el ejercicio dentro del tratamiento del cáncer, señala que la actividad física puede ayudar a la recuperacion de las mujeres que sufren cáncer de mama y apunta al método Pilates como la mejor opción: se adapta a todas las edades y formas físicas e, incluso, se puede practicar en la enfermedad o la convalescencia. Asimismo, recuerda que reduce la ansiedad y la depresión, mejora la autoestima y provoca una mayor sensación de control. Eso sí, recomienda realizarlo con un monitor particular.
En la primera guía contra el estreñimiento publicada por la Fundación Española del Aparato Digestivo, FEAD, además de aconsejar unos hábitos higiénico-dietético adecuados, se insiste en la necesidad de realizar algún tipo de actividad física y se nombran a los ejercicios del método Pilates como los hábitos saludigestivos recomendables, ya que facilitan los movimientos peristálticos del intestino y favorecen el tránsito intestinal.
También es conveniente para prevenir fracturas por osteoporosis, para mejorar la postura y refuerzo de la espalda en los niños, para ayudar a no perder la movilidad a los pacientes encamados, para combatir la obesidad en adolescentes, etc. Parece que sus indicaciones son ilimitadas.
FUENTE: www.consumer.es

lunes, 1 de abril de 2013


¿Adelgazar con ejercicio y sin dieta?

La combinación adecuada de una dieta saludable y la práctica del ejercicio es la clave del éxito para perder peso
 Neeta Lind -Es bien sabido que el ejercicio es bueno para la salud, pero es más frecuente relacionarlo con la pérdida de peso y practicarlo con ese fin. Por eso, muchas personas piensan que el ejercicio es suficiente para bajar de peso, pero no siempre es así. Creer que después de una sesión de ejercicio se puede comer lo que sea porque ya se he quemado es una equivocación que lleva, en la mayoría de los casos, a un abandono de la práctica de ejercicio si no se obtienen los resultados esperados.

Si hago ejercicio, ¿puedo comer más?

Una persona que tiene sobrepeso y practica ejercicio con el único fin de perder esos kilos de más debe ser consciente que puede no ser suficiente si no lleva a cabo un plan ordenado en su alimentación. Si se hace ejercicio diariamente pero el consumo de energía es muy elevado no se consigue el objetivo buscado. Así, cuando se quiere perder peso es preciso que el balance energético sea negativo, es decir, que se gaste más energía de la que se ingiere. Esto no quiere decir comer menos, pero sí comer mejor. Un plan de adelgazamiento permite comer mayores cantidades de aquellos alimentos que aportan menos energía y que ayudan a saciarse. Además, si la dieta se acompaña de ejercicio, este hará que la grasa en exceso del cuerpo se vaya quemando más rápidamente.
Combinar la práctica de ejercicio con una dieta saludable, por tanto, contribuye a mantener la salud y, si lo que se busca es bajar de peso, una dieta baja en calorías junto con un plan atractivo de actividad física serán la clave del éxito.

La alimentación desaconsejada

Después del ejercicio, se debe optar por alimentos de pocas calorías para no ingerir más energía que la gastada durante la actividad
De nada sirve hacer ejercicio si después de cada sesión se decide comer una pieza de bollería, más cantidad de espaguetis o un bocadillo más grande, algo tan obvio como frecuente entre mucha gente. De esta forma es muy probable que se ingiera incluso más energía de la que el organismo ha gastado. En caso de comer algo después del ejercicio, es preferible optar por alimentos que no aporten tantas calorías. Así, por ejemplo, un bollo relleno de chocolate aporta 200 calorías a expensas de azúcares simples y grasas, mientras que un pincho de jamón serrano (de 50 gramos de pan) aporta 140 calorías por su contenido en azúcares complejos y proteínas.
También resulta desaconsejado practicar ejercicio cuando han transcurrido varias horas desde la última comida. En este caso, será necesario comer algo antes de la sesión de deporte para así mantener las reservas de glucosa y tener resistencia durante el tiempo que dure la actividad.

Ejercicio físico, una cuestión de salud

La práctica del ejercicio debe entenderse como un hábito de vida al que hay que dedicarle un tiempo más o menos fijo a lo largo de la semana. Poco efecto se nota si se practica ejercicio intenso un día y no se vuelve a hacer actividad en mucho tiempo. Algo similar ocurre si se detiene la actividad física durante el verano, algo que provocará, cuando se retome de nuevo en otoño, la necesidad de un mayor esfuerzo.
Las altas temperaturas, el cansancio acumulado después de un intenso año laboral y la ausencia de trabajo y de obligaciones durante los meses de verano son algunos de los motivos que pueden llevarnos a abandonar el ejercicio. Por tanto, si es preciso es recomendable cambiar de actividad, de modo que el ejercicio no resulte agotador y que se ajuste a la persona que lo practica. El ejercicio presenta múltiples beneficios: contribuye a quemar la grasa, mejora la fuerza muscular y ayuda a mantener la masa ósea.

FUNTE: www.consumer.es

jueves, 21 de marzo de 2013


El flato: qué es y cómo combatirlo

El dolor abdominal transitorio asociado a la práctica deportiva, y conocido como flato, no tiene repercusión sobre la salud del afectado

- Imagen: epimetheus -¿Quién, en mitad de una carrera, no ha sufrido alguna vez un dolor punzante en un costado del abdomen? ¿Por qué hay personas que parecen más predispuestas a padecer esta molestia llamada flato? ¿Hay deportes donde es más habitual que se produzca? Las causas del flato, que tan mal rato hace pasar durante la práctica deportiva, todavía no están demasiado claras. En este artículo se dan algunas respuestas y se indican algunos consejos que pueden ayudar a prevenir el dolor abdominal transitorio asociado a la práctica deportiva.
La comunidad médica describe el flato como el dolor abdominal transitorio vinculado al ejercicio (DAT) que, en ocasiones, es tan molesto que hace detener la actividad deportiva. Este dolor agudo y punzante es habitual que aparezca en la zona abdominal por debajo de las costillas. No obstante, algunos deportistas indican la misma dolencia pero centrada entre el cuello y el hombro, en el área de la clavícula. A pesar de ser frecuente en muchas personas e, incluso perjudicial para el rendimiento del deportista de élite, el flato está considerado como una molestia benigna y autolimitada.

Flato o dolor abdominal transitorio vinculado al ejercicio

El flato está considerado como una molestia benigna y autolimitada sin repercusión sobre la salud
Algunas de las hipótesis tradicionales, no demostradas hasta el momento, señalan como culpables de su desarrollo: una rigidez excesiva de la columna vertebral; una situación de hipoxia (escasez de oxígeno) en el diafragma (músculo que separa la cavidad torácica de la cavidad abdominal y que interviene en el proceso respiratorio), debido a que la sangre se dirige hacia los músculos implicados y se restringe a este músculo; una posible tensión de losligamentos que unen el estómago con el diafragma; o, incluso, el rozamiento de las vísceras y la consecuente irritación del peritoneo (membrana que envuelve la mayor parte de los órganos).
Pero, ¿por qué el flato afecta más algunas personas que a otras? Juan Bosch, médico especialista en Medicina del Deporte del Hospital Sant Rafael de Hermanas Hospitalarias, en Barcelona, señala que el dolor abdominal transitorio "no tiene aún una explicación clara y, por tanto, no puede establecerse su origen. De todos modos, se observa una mayor susceptibilidad a padecerlo en los individuos con una actitud cifótica (mala postura mantenida que hace a la persona inclinarse de forma excesiva y aumenta su curva dorsal) o con una excesiva rigidez en la musculatura vertebral. También hay una relación inversa con la edad (a menor edad, mayor riesgo de sufrirlo). Lo que parece claro es que no tiene relación con el sexo, ya que los sufren por igual hombres y mujeres".

Deporte y el molesto flato

Un trabajo del Avondale Centre for Excercise Sciences at Avondale College, en Cooranbong (Australia), publicado en 'Medicine and science in sports and exercice' ya apuntaba esta disociación del flato con el sexo. Los investigadores DP. Morton y R. Callister, de dilatada experiencia en el ámbito de la Medicina del Deporte, en uno de sus estudios buscaron, entre 965 participantes de seis actividades deportivas distintas (atletismo, natación, ciclismo, aeróbic, baloncesto y equitación), la correlación entre flato y otras características individuales como edad, sexo, índice de masa corporal (IMC) e, incluso, nivel de entrenamiento y experiencia deportiva. Solo pudieron encontrar una relación directa entre quienes están más entrenados, que tienen menores posibilidades de sufrirlo, pero ello no tiene efecto sobre la gravedad del dolor.
Los autores establecieron, después de un año de seguimiento, que las modalidades deportivas más afectadas por el flato son la natación (75%), la carrera (69%), la equitación (62%), el ejercicio aeróbico (52%), el baloncesto (47%) y el ciclismo (32%).

Aliviar el flato

Juan Bosch, médico especialista en Medicina del Deporte, asegura que el hecho de sufrir flato no parece que tenga repercusión alguna sobre la salud, si el afectado sigue con la actividad física, aunque añade que "tanto las características como la intensidad del dolor suelen obligar a parar el ejercicio". Una vez surge, la ejecución de diferentes maniobras, "como realizar una respiración abdominal, hacer estiramientos del lado doloroso o expulsar el aire con los labios fruncidos puede disminuirlo", indica.
Otro estudio de los expertos australianos DP. Morton y R. Callister, publicado en 'International Journal of Sport Nutrition and Exercice Metabolism', en 2004, sobre el efecto de la composición de las bebidas ingeridas relacionado con el dolor abdominal transitorio también tiene sus conclusiones: con el objetivo de evitar el flato, los individuos susceptibles deberían abstenerse de consumir zumos de frutas y bebidas reconstituidas con gran contenido en carbohidratos y alta osmolaridad (bebidas hipertónicas), poco antes y durante el entrenamiento. Esta afirmación la corrobora Bosch quien agrega que, a la vez, "la práctica habitual de ejercicio físico disminuye la percepción del dolor cuando este surge".
Una revisión de C. Ayán, de la Facultad de Ciencias de la Educación y el Deporte, de la Universidad de Vigo (Pontevedra), publicada en la 'Revista Andaluza de Medicina del Deporte', resume en cuatro puntos las recomendaciones para quienes son más susceptibles de sufrir flato:
  1. Modificar la pauta respiratoria una vez aparece: las inspiraciones profundas o la respiración abdominal pueden disminuir su intensidad.
  2. Movilizar el abdomen: hacer estiramientos de la zona afectada, aplicar presión con la mano o aumentar la tensión de la musculatura del área afectada mediante contracciones musculares voluntarias.
  3. Controlar la ingesta de sólidos y líquidos antes y durante el ejercicio, para poder identificar de forma más fácil los que con mayor frecuencia desencadenan un episodio.
  4. Fisioterapia en los afectados que se haya demostrado una correlación entre este dolor abdominal y una alteración postural.



FUENTE:  www.cosumer.es

lunes, 25 de febrero de 2013


El ejercicio como terapia

Los programas de entrenamiento reglado y monitorizado son claves en la lucha contra algunas patologías

Los beneficios que reporta cualquier actividad física son conocidos. Practicar deporte de manera periódica ayuda a prevenir un sinfín de enfermedades y es puntal en el tratamiento de otras, como la diabetes o la obesidad. Un nuevo programa puesto en marcha en el Hospital Infantil Universitario Niño Jesús, con la colaboración de la Universidad Europea de Madrid, demuestra que en niños afectados de parálisis cerebral, cáncer o anorexia, entre otras enfermedades, el ejercicio físico ayuda al pronóstico y a sobrellevar mejor las terapias, además de mejorar su calidad de vida.
Expertos del servicio de fisioterapia y rehabilitación del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús, de Madrid, junto con la Universidad Europea de Madrid (UEM), han desarrollado un programa de ejercicio físico para optimizar la capacidad funcional, aumentar la percepción del propio cuerpo y mejorar el estado de ánimo de los pacientes ingresados en este centro. Ya en 2004 empezaron a aplicarlo como una herramienta terapéutica en pacientes de oncología.
Más tarde, trasladaron el programa a los pacientes que, por recibir un trasplante de médula ósea, deben permanecer aislados (como medida de control de infecciones), precisan estar encamados y registran ingresos hospitalarios muy largos. Realizar ejercicio físico en la misma habitación les permitía afrontar mejor las terapias, sentir menos fatiga y realizar más actividades de la vida diaria. Los investigadores han confirmado que les ayuda a superar el componente depresivo habitual por su situación crítica.

Entrenamiento de fuerza

Otros programas en marcha en el mismo centro hospitalario buscan estudiar los efectos de un entrenamiento reglado y monitorizado, en oposición a las directrices aconsejadas hasta este momento: una rehabilitación suave. Los estudios preliminares sobre niños afectados de fibrosis quística, que por norma general tienen una condición física deficiente, empiezan a dar resultados. El interés que suscita la actividad física como parte de la terapia queda plasmado en una investigación que acaba de obtener el III Premio Nacional de Investigación en Medicina del Deporte otorgado por la Universidad de Oviedo.
El ejercicio físico, también en la diabetes, es uno de los pilares en los que se fundamenta el tratamiento, junto con la dieta y la medicación
Desde el servicio de Traumatología del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús y el Laboratorio de Fisiología del Ejercicio de la UEM, en colaboración con el Laboratorio de Análisis del Movimiento, se ha estudiado el uso de plataformas vibratorias en niños con parálisis cerebral, con la conclusión de que ayuda a demorar el deterioro funcional. Uno de los objetivos del programa es retrasar la evolución de la enfermedad cuando el afectado precisa silla de ruedas.

Deporte para la anorexia

Participar en programas de entrenamiento que incluyan ejercicio físico regular y supervisado puede ser uno de los pilares del tratamiento en afectados por anorexia nerviosa. Esta práctica refuerza la imagen, reduce el estrés emocional y las afectadas -a menudo mujeres- aceptan mejor los programas de realimentación, un aspecto que favorece el pronóstico y evolución del trastorno. Así concluye otro trabajo conjunto entre la Universidad Politécnica de Madrid, la Universidad Europea (UEM) y el Hospital Infantil Universitario Niño Jesús.
Para el estudio se contó con 22 pacientes (de 13 a 15 años) en régimen ambulatorio. El entrenamiento monitorizado, siempre adaptado a la terapia psicológica y al estado de la paciente, fue de intensidad baja-moderada y en las sesiones se trabajaban los grandes grupos musculares. El objetivo era recuperar la masa corporal, la fuerza, la resistencia y corregir la atrofia por inactividad. Aunque parece que se origina una mejora en la densidad ósea y en la capacidad cardiorrespiratoria, los expertos creen que todavía carecen de datos concluyentes y que son necesarios más estudios.

El ejercicio en el tratamiento de la diabetes

El entrenamiento físico, también en la diabetes, es uno de los pilares en los que se fundamenta el tratamiento, junto con la dieta y la medicación. La actividad física reduce los niveles de glucosa en sangre al aumentar su utilización por el músculo, mejora la eficiencia de la insulina, disminuye las necesidades de insulina diaria o las dosis de fármacos antidiabéticos orales, contribuye a mantener un peso adecuado (evita la obesidad) y disminuye los niveles de lípidos en sangre (colesterol y triglicéridos), además de mejorar la calidad de vida (contiene la ansiedad, depresión y el estrés) y evitar el desarrollo de complicaciones cardiovasculares de la enfermedad.
No obstante, su práctica debe estar orientada de manera individual según las características y peculiaridades de cada persona y el tipo de diabetes que sufra. De lo contrario, puede comportar problemas. El más frecuente y temido es la hipoglucemia, que se desarrolla mientras se realiza la actividad física o unas horas después de haber terminado.
A pesar de que no está contraindicado realizar deportes de riesgo (que no comporten excesivo esfuerzo o posibles lesiones en los pies), siempre hay que empezar de forma gradual y nunca perder de vista los niveles de glucemia. Sin embargo, el ejercicio moderado y diario es el más recomendable, algo muy fácil de conseguir si se andan 60 minutos o se dan paseos en bicicleta. No llevar un buen control de la enfermedad, no saber recononocer los signos de peligro (hipoglucemia) o cuando la diabetes ya ha empezado a provocar algunas complicaciones crónicas, sean microvasculares (retinopatía, nefropatía, neuropatía) o macrovasculares (alteraciones coronarias, arteriopatía periférica, enfermedad cerebrovascular o estenosis de arteria renal, entre otras) contraindica el ejercicio físico.
En definitiva, la práctica de actividad, además de reforzar el sistema inmunológico, el cardiovascular, el respiratorio, el musculoesquelético o la función renal, entre otros, proporciona bienestar emocional. No solo es imprescindible en la prevención de enfermedades, sino que parece ser también una herramienta fundamental en la terapia de muchas patologías.

EJERCICIO PARA EL COLESTEROL ALTO

La hiperlipidemia es el nivel elevado de grasas en la sangre. Estas grasas, llamadas lípidos, son el colesterol y los triglicéridos. Cuando se registran niveles altos de ambos, se denomina trastorno lipídico. A pesar de que el tratamiento depende de la edad, los antecedentes médicos o tóxicos (hábito tabáquico), cualquier persona puede tomar algunas medidas para mejorar los niveles en sangre y disminuir el riesgo de sufrir enfermedad cardiovascular.
Una dieta cardiosaludable (más frutas y verduras ricas en fibra), evitar las grasas saturadas (estén en alimentos de procedencia animal) y las grasas trans (en algunas margarinas, patatas fritas, aperitivos fritos industriales, pastelería y bollería industrial), someterse a revisiones médicas y controles de los niveles de lípidos, mantener un peso adecuado, dejar de fumar y, además, realizar ejercicio físico con regularidad son las recomendaciones de los expertos que, en definitiva, están relacionadas con hábitos de vida modificables.
Esta afirmación se apoya en multitud de investigaciones que han demostrado que un entrenamiento periódico influye en los niveles de lípidos en sangre. Los expertos invitan a realizar una consulta médica previa para valorar la práctica deportiva más adecuada, más si se sufre obesidad o sobrepeso. El ejercicio más recomendable es el aeróbico, como caminar, la carrera suave, el ciclismo o la natación, entre otros, siempre de tres a cinco veces a la semana.

FUENTE: www.consumer.es